¡MADERA DE HÉROES!
POEMA
Alonzo Cueva
(A Janella Pinzón y Carlos Echeverría, bomberos de Zamora; a las familias que buscan entre el fango, y a la memoria del noble río Cantzama).
Un apocalipsis de lodo y piedra
crujió en la madrugada.
¿Cómo pensar que el Cantzama mordería
con la furia del fin del mundo?
La montaña se rajó en el silencio
y soltó al monstruo sobre el barrio Cantzama,
triturando postes, camiones y vidas
en su embestida ciega por la oscuridad.
Carlos Echeverría vio la pared de agua,
pero el grito de una madre con su niño
le frenó los pasos.
Él, coloso curtido en salvar vidas,
antepuso su escudo ante el peligro
para cobijarlos en un pacto desesperado.
La ola brutal los barrió a todos,
sepultando sus nombres en el rugido.
Aferrado a un tronco con sus manos grandes,
«El Grande» resistía un calvario río abajo.
Metros más allá, en la penumbra,
las manos de Janella Pinzón
manoteaban la vida sobre la madera.
Dos casacas rojas arrastradas sin piedad
del Cantzama hacia el Yacuambi.
El río los arrojó al embravecido Zamora.
Carlos zafó del arrastre y ganó la orilla,
mientras Janella, silueta agónica,
desataba las alertas en la ribera.
Los bomberos volaron por el asfalto
y allá en Yantzaza, entre cuerdas y botes,
la arrancaron del abismo justo cuando el aliento se le apagaba.
El milagro estalló en el hospital.
Carlos batallaba en su propia camilla
cuando vio entrar a una víctima rota por el frío.
Bastó un suspiro para que su alma diera un vuelco: reconoció el eco que lo persiguió en el agua.
¡Era Janella! Su camarada de fuego y fango.
Allí, conmovido, lo supo el gigante:
Dios lo había hecho nacer de nuevo.
Pero el milagro no frena el llanto;
el fango desentierra verdades y desconsuelo
vistiendo de luto los hogares de Zamora Chinchipe.
La catástrofe golpeó sin mirar nombres,
alcanzando a la comitiva de Ivone Panchi,
La Gobernadora de Zamora Chinchipe,
dejando una estela de dolor e incertidumbre.
Aquí no importan banderas, solo el golpe del desastre
y una provincia entera que espera, tensa, un milagro.
Hoy el país aplaude de pie
el coraje de Janella y el sacrificio de Carlos.
Porque la verdadera madera de héroe
no solo resiste a la corriente,
sino que se quiebra en eterna solidaridad
con el profundo dolor de su pueblo.