En Ecuador, el empleo crece, pero no llega a todos por igual. Esa es la paradoja que marcan las cifras del primer trimestre de 2026. Entre enero y marzo se registraron 266.300 contratos en el Sistema Único de Trabajo (SUT) del Ministerio de Trabajo. A simple vista, el dato refleja dinamismo y reactivación en sectores clave como la pesca, la agroindustria y la floricultura, acompañados por los servicios y la manufactura.
Sin embargo, detrás de ese impulso se esconde una realidad persistente: la concentración del empleo formal. El 63% de las nuevas plazas se generó en apenas siete ciudades. Quito y Guayaquil lideran ampliamente, seguidas por Durán, Cuenca, Latacunga, Cayambe y Pedro Moncayo. En un país con 24 provincias y 221 cantones, la distribución del trabajo continúa limitada a pocos territorios.
Un patrón que se repite
Esta concentración no es reciente. Responde a una estructura productiva donde las grandes empresas, especialmente aquellas vinculadas a la exportación, continúan siendo el principal motor del empleo formal. Estas compañías operan en polos específicos, lo que refuerza las brechas territoriales.
Jóvenes: entre oportunidad y exclusión
El perfil de quienes acceden al empleo también revela contrastes. El 51% de los contratos corresponde a jóvenes entre 18 y 29 años, lo que podría interpretarse como una señal positiva. No obstante, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) matizan ese optimismo.
Hasta febrero de 2026, el desempleo juvenil alcanzó el 39,6% entre personas de 15 a 24 años, la tasa más alta entre todos los grupos etarios analizados. En el rango de 25 a 34 años, donde muchos ya cuentan con educación superior, la cifra baja, pero sigue siendo elevada: 34,8%.
A esto se suma el subempleo, que supera el 20% en ambos grupos, y las persistentes brechas de género, donde las mujeres tienen menor acceso a empleo adecuado en comparación con los hombres.
¿Empleo suficiente o empleo de calidad?
La pregunta clave no es solo cuántos empleos se generan, sino en qué condiciones. Aunque el contrato indefinido sigue siendo predominante, crecen modalidades más flexibles que reflejan un mercado en transición, pero aún lejos de ofrecer estabilidad generalizada.
Factores estructurales profundizan esta problemática. Existe una desconexión entre la formación académica y las necesidades del sector productivo. Además, la falta de experiencia continúa siendo una barrera para el primer empleo, mientras la inversión privada se mantiene concentrada en determinados sectores y regiones.
Un desafío pendiente
Los datos evidencian un reto urgente: descentralizar el mercado laboral ecuatoriano. No basta con generar empleo; es necesario distribuirlo mejor, ampliar oportunidades y mejorar su calidad.
Esto implica impulsar políticas que fomenten la inversión en más cantones, fortalecer la formación técnica y alinearla con la demanda real del mercado. De lo contrario, el país podría seguir mostrando cifras positivas en generación de empleo, pero sin lograr avances significativos en equidad.
El riesgo es claro: un mercado laboral que crece en números, pero que sigue siendo limitado en oportunidades para amplios sectores de la población.
Fuente: El Comercio EC