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La prensa en el asfalto: El costo familiar de no alinearse al poder

Byinfozamora1

Sep 8, 2026

Por: Alonzo Cueva Rojas

El retiro de Gisella Bayona expone la mutación de la censura en Ecuador: cuando el poder no puede destruir los argumentos del periodista, asfixia su entorno más íntimo.

Esta asfixia indirecta no es un hecho aislado, sino la consolidación de un patrón. Meses atrás, el país presenció un escenario idéntico cuando el periodista Hernán Higuera suspendió una investigación por seguridad. La respuesta del poder fue quirúrgica: desvinculación fulminante de su esposa de un cargo público y afectación al internado médico de su hijo. Romper la estabilidad familiar ya no es un daño colateral, sino el método predilecto para forzar el silencio.

El ensañamiento contra Bayona responde a un pecado imperdonable para el relato oficial: darle voz al dolor de las calles. Al visibilizar el desabastecimiento hospitalario y las carencias que sufren miles de madres y pacientes, ejerció el rol fiscalizador innato de su profesión. Responder a la denuncia ciudadana con discursos intimidatorios demuestra una profunda desconexión con las urgencias sociales y una alarmante intolerancia a la crítica.

Este panorama ha provocado una alineación forzada dentro del gremio por temor a represalias, expandiendo la autocensura. Frente a esto, Bayona expresó con dureza su asombro ante la metamorfosis de la prensa, cuestionando cómo comunicadores que antes cumplían su trabajo con rigor hoy han abdicado de su independencia para convertirse en dóciles «alfombras del poder», dedicados a aplaudir al gobierno de turno.

Bajo estas reglas del juego, la existencia de cualquier voz crítica queda en riesgo latente. Espacios informativos frontales como los del periodista Fabricio Vela, quien permanentemente expone la crisis de seguridad nacional y confronta las verdades oficiales, se vuelven vulnerables ante una maquinaria que no tolera los matices. Si la prensa libre que incomoda es arrinconada, el peligro ya no es individual, sino colectivo.

Frente a esta marea de sumisión nacional, es urgente hacer un exhorto firme al periodismo de Zamora Chinchipe. Las voces objetivas de nuestra provincia, aquellas que conocen de cerca la realidad de las comunidades, la gestión de los recursos y las necesidades locales, no pueden claudicar ni dar un paso atrás. Ceder ante el temor o alinearse por conveniencia significa dejar a la ciudadanía en absoluta indefensión informativa. El periodismo amazónico debe sostenerse con valentía como el último contrapeso frente a los discursos oficiales.

Abrazar la dignidad de quienes prefieren retirarse antes que quebrar sus principios es necesario, pero insuficiente. Si la sociedad civil normaliza la persecución familiar y el servilismo mediático, el silencio dejará de ser una elección y se convertirá en complicidad. Hoy, la solidaridad con el periodismo independiente debe transformarse en una resistencia colectiva contra el vaciamiento de la verdad.

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