Ecuador dispone del plazo de un año para implementar sistemas de control e inspección que certifiquen que sus productos de exportación están libres de trabajo forzoso, según las exigencias fijadas por el Gobierno de los Estados Unidos.
El anuncio fue ratificado por el ministro de Producción, Comercio Exterior e Inversiones, Luis Alberto Jaramillo, durante la inauguración del USA Trade Connect 2026 en el Hotel Hilton Colón de Guayaquil. El foro empresarial, organizado de manera conjunta por la Cámara de Comercio Ecuatoriano-Americana (Amcham Guayaquil) y la Corporación de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Corpei), reúne durante dos jornadas consecutivas a las más altas autoridades del ramo productivo, delegaciones diplomáticas, líderes agroindustriales y expertos en cadenas globales de valor.
La ratificación del periodo de doce meses concedido por Washington se enmarca en las investigaciones conducidas al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio estadounidense, un instrumento enfocado en evaluar prácticas laborales y estándares de cumplimiento en los países socios. Jaramillo explicó que la reciente reorganización de las medidas comerciales adoptadas por la administración norteamericana derivó en un escenario donde la producción ecuatoriana debe desenvolverse bajo una sobretasa arancelaria general del 10 %.
El ministro admitió la existencia de contradicciones metodológicas dentro del proceso, pero enfatizó la predisposición de las autoridades nacionales para enfrentar el desafío con rigor técnico, trazabilidad y diplomacia pragmática en beneficio del sector privado.
“El acuerdo establece claramente que hay un plazo de un año para poder implementar controles, e incluso los Estados Unidos tienen que aportar inteligencia e información para llevar a cabo estos controles. Son esas contradicciones que hay que saber manejar, saber corregir y tratar con los Estados Unidos, pero el reto es aprovechar las oportunidades del acuerdo como está”, precisó Jaramillo durante su intervención.
Pese a la aplicación de la sobretasa del 10 %, el titular de la cartera de Estado recordó que, según los consolidados estadísticos del último año, el 78 % de los productos ecuatorianos enviados a territorio estadounidense ingresa actualmente con un 0 % de arancel. Sin embargo, lamentó que importantes rubros de la oferta exportable tradicional y no tradicional hayan quedado excluidos de este beneficio.
Frente a esta coyuntura, el secretario de Estado destacó que el Gobierno ha diseñado una estrategia de insistencia diplomática para lograr la reincorporación de productos emblemáticos como el camarón, los tableros de madera, el brócoli y el atún enlatado, sectores considerados pilares para la generación de empleo y el ingreso de divisas.
En esa línea, Jaramillo situó el desempeño del comercio exterior dentro del engranaje macroeconómico nacional. Explicó que al ser Ecuador una economía plenamente dolarizada, la liquidez y la sostenibilidad del sistema financiero dependen intrínsecamente del flujo constante de divisas procedentes de las exportaciones, sumadas a las remesas de los migrantes y la inversión extranjera directa. Destacó que en los últimos tres años, la cuenta corriente de la balanza de pagos ha mantenido un superávit constante, reflejo de la política de estabilidad promovida por la Administración del presidente Daniel Noboa.
Para fundamentar la solidez del entorno económico, la autoridad expuso una serie de indicadores clave: los depósitos en el sistema bancario privado registran crecimientos continuos; la tasa de interés corporativa se mantiene por debajo del 5 %; y las reservas internacionales alcanzaron recientemente la cifra récord de $ 3.400 millones. Según el ministro, estos factores impulsan el motor productivo nacional, permitiendo a ciertos grupos empresariales registrar incrementos de ventas de entre el 30 % y el 45 % anuales.
Asimismo, el ministro ponderó la capacidad agroproductiva del país citando una metáfora compartida por el presidente del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), Sergio Díaz-Granados: “Ecuador produce entre nueve y diez veces más alimentos de lo que consume. Es una economía pequeña que, al momento de comercializar en el mundo, pega más fuerte que su peso”