Por: Alonzo Cueva Rojas
El periodismo local se abraza con el corazón y el territorio. En las horas más oscuras, cuando la geografía ruge y la incertidumbre acecha, toda la red de periodistas, reporteros y comunicadores de Zamora Chinchipe se une en un solo tejido de valentía. Ellos se convierten en el primer frente de respuesta y en la voz que narra la historia en el mismo instante en que se quiebra la tierra.
La devastación de Cantzama y Santa Isabel nos recordó la crudeza de la naturaleza, pero también la fidelidad de la prensa local a la temporalidad oportuna. Mientras el peligro acechaba a la medianoche, los reporteros acudieron al epicentro del desastre. Su inmediatez al transmitir en tiempo real se convirtió en el único faro para advertir los cierres viales y guiar los rescates.
Esta entrega cobró el precio más alto en el altar del deber, otorgándonos verdaderos mártires. Con profundo dolor, la provincia atestiguó el fallecimiento de Víctor Hugo Arias Herrera, quien perdió la vida mientras ayudaba a proteger a las familias afectadas. Asimismo, vivimos con el corazón en un hilo ante el trágico diagnóstico de Marjorie Ortiz Tacuri, una talentosa comunicadora de 24 años que aún permanece desaparecida tras ser arrastrada por la corriente.
Su ausencia nos deja una pena profunda. A Marjorie tuve el agrado de tratarla de cerca; compartimos hace poco un viaje inolvidable durante una visita a los emprendedores piscícolas en la parroquia Tutupali. Fue un trayecto lindo, lleno de risas y complicidad. Aún la veo nítidamente al pie de la imponente cascada Santa Cleotilde, disparando su flash con entusiasmo, atrapando la magia del entorno. Recordar ese destello de luz hace que hoy su silencio en el fango duela el doble. Nos falta su sonrisa, su cámara y su vida.
El valor supremo de esta cobertura radica en la transparencia y objetividad de cada comunicador de la provincia. Frente a las narrativas imprecisas construidas desde escritorios lejanos, fueron los periodistas locales quienes, pisando la zona cero, defendieron los hechos reales. Con rigor y decencia, dieron el micrófono a los damnificados para aclarar la verdadera naturaleza de la catástrofe.
Hoy nos identificamos con este sentir valiente y herido del periodismo zamorano chinchipense. A quienes arriesgan su integridad bajo la lluvia, a quienes honran el legado de Víctor Hugo, a quienes mantienen viva la esperanza por Marjorie, y a cada periodista local que hace de la verdad su bandera cotidiana: nuestro respeto y gratitud eterna. Su labor nos une, su transparencia nos defiende y su sacrificio nunca será olvidado.